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A CIERTA ALTURA DE LA POESIA
ANTONIO ALIBERTI
“A cierta altura”, título muy justo y transparente, reúne los últimos títulos de la obra poética de Antonio Aliberti, que recordaremos a ocho años de su muerte (29 de julio de 2000). Aunque había nacido en Sicilia, Italia, el 15 de diciembre de 1938, tiene su obra un solo acento e identidad: “Me convertí en poeta argentino –dice en uno de sus poemas- pero yo nunca he abandonado mi Sicilia”.
Reside desde 1951 en la Argentina y adopta la nacionalidad en 1984, revelando en todo momento ese doble “estado civil”, en un enlace vivo entre su trabajo, el conocimiento del ámbito nuevo y las experiencias en contacto con las figuras más destacadas de la literatura nacional y europea.
Nino, como lo llamábamos cariñosamente, no ignoraba el clima de los años decisivos para las transformaciones en el arte y la sociedad. Por un lado, cada uno de los movimientos en la poesía latinoamericana e italiana en especial, y por el otro su misma necesidad de trascender de ciertas escuelas ya superadas, para entrar de lleno en las corrientes de su época.
Amplísima y profunda ha sido su trayectoria en la creación personal y sus trabajos de traducción de la poesía italiana. Una labor persistente arranca con “Poesía” (1972) y continúa con “El hombre y su cáliz” (1973), “Tráfico” (1974), “Ceremonia íntima” (1975), “Cuestión de piel” (1978), “Estar en el mundo” (1980),”Todos recordaron a Casandra” (1987), entre otros libros.
Antonio Aliberti “nos ha dejado uno de los más altos ejemplos de fidelidad a una forma de mantener unido su lenguaje a una totalidad viva y expuesta a los trances más crueles y opresores de la sociedad” –decía yo al presentar la antología “A cierta altura” (Ed. Del Grupo Literario “La Luna Que”, 2004).
Prueba de esta afirmación, en una prolongada actividad intelectual aliada a las más serias investigaciones, son sus obras “Mareas del tiempo” (1981), “Límites posibles” (1983) o “Cuartos contiguos” (1986). Pero no acaba aquí esa búsqueda casi febril escribiendo “con un constante temblor en la frente” –dicho en un poema-, pues siguen sus libros de ensayos, traducciones (Césare Pavese, Dino Campana, Elio Vittorini y Beppe Fenoglio, etc.), hasta ”Incierta vocación” (Primer Premio internacional Pigmalión Lettres (1994), y “Nessun maggior dolore”, versión bilingüe, entre los últimos.
No es poco recibir importantes distinciones, como el Primer Premio Municipal de la Ciudad de Buenos Aires (Bienio 1986-87) y el Premio Regional de Literatura (cuatrienio 1985-1988). Pero pienso que lo esencial de su vocación y el inagotable fervor en el compromiso “buscando una palabra nueva”, dan mayor dimensión a su existir en la voz que nos ha dejado para siempre.
(Argentina).- envio Juan Alberto Nuñez
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